Lanzan sus señuelos propagandísticos para que los incautos piquen en su anzuelo
Editorial: Ceuta desaparece de las portadas. Y, de repente, silencio. Ahora el foco se desplaza hacia Maricarmen, una mujer desahuciada en cumplimiento de una resolución judicial, extinguido su contrato de alquiler
¿Desde cuándo la actualidad consiste en olvidar un problema en cuanto aparece otro que genera más audiencia, más polémica o más rentabilidad política?. Lo verdaderamente preocupante
AGENCIA MANACORNOTICIAS 27/09/2026 - 18:26:45
Muy triste querer resolver 270.000 desahucios desde 2018 en un solo Consejo de Ministros y una Sesión en el Congreso. Eso es piratería y estafa. Pobres incautos los residentes en España, todos mienten.

Editorial: Ceuta desaparece de las portadas. Cuando una tragedia sustituye a otra. Sesenta días de crisis en Ceuta. Sesenta días de imágenes, titulares, declaraciones políticas y una atención mediática extraordinaria ante una situación que exigía respuestas, soluciones y responsabilidades. Y, de repente, silencio. Ceuta desaparece de las portadas, se diluye en los informativos y deja de ocupar el centro del debate público. ¿Se ha solucionado el problema? ¿Ha desaparecido la crisis? ¿Han dejado de sufrir sus consecuencias quienes la padecen? No. Simplemente, ha llegado otra noticia. Ahora el foco se desplaza hacia Maricarmen, una mujer desahuciada en cumplimiento de una resolución judicial, después de que una jueza considerara extinguido su contrato de alquiler. Su situación merece atención, sensibilidad y un debate social serio. Pero una cosa es informar de un drama humano y otra muy distinta permitir que ese drama sepulte por completo una crisis que afecta a toda una ciudad.

¿Desde cuándo la actualidad consiste en olvidar un problema en cuanto aparece otro que genera más audiencia, más polémica o más rentabilidad política?. Lo verdaderamente preocupante no es que los medios informen del desahucio de Maricarmen. Deben hacerlo. Lo preocupante es que parezca que solo podemos ocuparnos de una tragedia a la vez. Que el sufrimiento de una persona acapare toda la atención mientras miles de ciudadanos de Ceuta quedan relegados a un segundo plano, como si sus problemas hubieran dejado de existir. Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿quién decide qué merece seguir siendo noticia y qué debe desaparecer del debate público? Porque los problemas de Ceuta no se evaporan cuando dejan de abrir los telediarios. Las responsabilidades políticas tampoco prescriben por falta de titulares.

La información no puede convertirse en una sucesión de escándalos, conmociones y dramas que se sustituyen unos a otros hasta que el ciudadano termina olvidándolo todo.

La información no puede convertirse en una sucesión de escándalos, conmociones y dramas que se sustituyen unos a otros hasta que el ciudadano termina olvidándolo todo. El periodismo tiene la obligación de contar lo que sucede, pero también de recordar lo que sigue sucediendo. Ceuta no puede ser noticia durante sesenta días y después convertirse en una ciudad olvidada. Maricarmen merece que se conozca su historia, pero Ceuta también merece que no se silencie la suya. Porque cuando una noticia tapa a otra, no necesariamente se ha resuelto el problema anterior. A veces, sencillamente, hemos dejado de mirarlo.

Durante semanas, Ceuta estuvo en el centro de la atención informativa por la situación derivada de la llegada masiva de inmigrantes y la presión sobre la ciudad. Sin embargo, después de aproximadamente 60 días, ese foco mediático se ha ido desplazando hasta prácticamente desaparecer de la actualidad. La aparición del caso de Maricarmen, una mujer desahuciada por orden judicial después de que hubiera terminado legalmente su contrato de alquiler, ha vuelto a colocar los desahucios y el problema de la vivienda en el centro de muchos medios de comunicación.

La cuestión que se plantea es si estamos ante un cambio legítimo de prioridades informativas o si, sencillamente, un nuevo caso de gran impacto mediático ha desplazado a otro problema que continúa existiendo. Mientras la atención se concentra ahora en los desahucios y en la situación de Maricarmen, Ceuta corre el riesgo de quedar relegada a un segundo plano, pese a que los problemas que provocaron aquella atención informativa no han desaparecido. En definitiva, el debate no debería ser enfrentar el drama de una persona desahuciada con la situación de Ceuta. Ambos asuntos merecen atención. Lo preocupante es que el foco mediático pueda pasar de un problema a otro hasta hacer invisible el anterior. Ahora los partidos políticos se comen todo el tiempo y lanzan sus señuelos propagandísticos para que los incautos piquen en su anzuelo. Muy triste querer resolver 270.000 desahucios desde 2018 en un solo Consejo de Ministros y una Sesión en el Congreso. Eso es piratería y estafa.

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